Me doy cuenta de que la ceguera peor es la del alma y he de rogarle a Dios que me devuelva la vista. Insistirle que necesito ver más allá de las circunstancias que ahora me rodean y me condicionan. No tengo una perspectiva amplia de lo que ocurre a mi alrededor y eso me produce angustia. No veo!
Hoy mismo el evangelio habla de los emisarios que Juan Bautista envió a Jesús para saber si verdaderamente era el Cristo, el Mesías que esparaban. Es curioso como Juan al bautizar a Jesús vio claramente que era el enviado de Dios, pero en el pasaje de hoy estaba encarcelado y las noticias que le llegaban de Jesús no eran de alguien dominante, de alguien que vendría con el hacha en la mano para derribar al inservible y derrocar al enemigo. Al contrario, Jesús actuaba como Dios pero no presumía de serlo.
Podía haberle contestado:
"Sí, yo soy el Mesías. Soy el Hijo de Dios, el que va a salvaros!"
En cambio es notable la humildad y claridad de Jesús en su respuesta: "Id y decid a Juan lo que habéis visto, que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan sanos..."
Hay ocasiones en que pretendemos que Dios se nos muestre como tal concediéndonos victoria inmediata, queremos verle derrocar al enemigo o que nos conceda enseguida lo que necesitamos y con esa urgencia de nuestra necesidad tangible. Pero Dios está al control, ve todo en presente, lo tiene todo a la vista. Tiene un propósito claro para cada uno de nosotros.
Tener una más amplia perspectiva, más allá de nuestras circunstancias, creo que es lo verdaderamente importante.











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